Archive pour juin, 2011

los colgados

de las ramas se mecen los colgados

y sus bocas parece que sonríen

recuerdan sus andanzas y se ríen

conversan sin llorar los endiablados

pues alguien los colgó de aqueste leño

como ropa en un gancho los hallaron

todos ellos se dice que triunfaron

que encontraron su ruta por el breño

los hombres y mujeres en el cuello

llevan besos de polvo en el camino

trajinándose el pan entre lo bello

y fieles seguirán a su destino

siendo dulces y tenues al destello

del astro de cristal y al acre vino

Publié dans:Non classé |on 23 juin, 2011 |Commentaires fermés

cárcel

 

Yo ya nací en prisión, mis
padres también, incluso mis abuelos pero no así mis bisabuelos. Dicen, y este
rumor se ha trasmitido a las generaciones más jóvenes, que antes la gente era
libre, que sólo iban a la cárcel los que habían cometido delitos. El resto
vivía en libertad, en ranchos y ciudades, trabajaba en libertad y moría en
libertad, tenía gobernantes y ya existía el germen de la privación de la
libertad en sus costumbres. Sus sociedades contaban con cárceles para
delincuentes pero poco a poco las cárceles fueron creciendo y adueñándose de
todo. La época de laissez faire había llegado a su fin. Las casas se
convirtieron en celdas y los barrios en crujías, las colonias en inmensos
penales sin vehículos. Los reclusorios eran cuadrados concéntricos con torres
de vigilantes en los ángulos. En el centro vivían los presos, en la periferia
los custodios y todo tipo de policías y soldados con sus mujeres. Los inocentes
vivíamos más o menos, sin lujos pero sin muchas carencias. Teníamos agua para
lavar y bañarnos, camastro trabajo dentro o fuera de las crujías, comida tres
veces al día y tv en la celda. Los que delinquían iban a celdas de castigo y
hacían labores pesadas. Siempre había droga disponible y pelotones de guardias
tratando de sorprender a los consumidores para exterminarlos. Estaba prohibido
robar, herir, violar, matar. Algunos presos obedecían de manera directa a la
dirección del reclusorio. Eran los encargados de la comida y la disciplina, de
llevar los mensajes y las notificaciones y de ejecutar de manera encubierta.
Otros nos limitábamos a hacer nuestras labores que consistían en el aseo de la
celda y la crujía, algún oficio, talabartería, carpintería, cocina, peluquería
o más allá, en las fábricas y construcciones necesarias para la vida en común,
albañilería, pintura, fontanería, mecánica, cría de hortalizas, ganado y pesca.
En todas ellas el personal pertenecía al reclusorio y tenía que volver a
descansar por las noches, excepto pescadores que se embarcaban. Las relaciones
con el sexo opuesto no eran tan sencillas. Algunos presos se casaban y podían
estar juntos una vez a la semana y verse a través de las rejillas de vez en
cuando. Podían tener hijos que a su vez se integraban a la vida en el penal. La
educación para cualquiera, niños y adultos, duraba tres años. Médicos,
enfermeras e ingenieros de la construcción recibían una educación especial.
Había diversas religiones con las cuales podía uno cooperar en los eventos,
pero todo el personal, sacerdotes, acólitos, monjas, seminaristas y danzantes
estaban presos. No existía la libertad en la práctica y la gente comenzaba a
olvidarla y a vivir bien sin ella. Había pocos motines y ni una gota de
política. La dirección la ocupaba el personal administrativo preso y se
encargaba de que no faltara comida ni servicios para los reos. Todo se pagaba
con vales y nadie podía acumular demasiado. Estaba prohibido quejarse por
cualquier motivo. No había ayuda de ni comunicación con el exterior porque no
había un exterior. ¿Ayuda de quién? Los abogados no existían, ni los jueces, ni
los magistrados, ni los amparos, ni los expedientes ni las liberaciones. La
condena era perpetua para todo el que naciera vivo. Bien padre…

 

 

 

Publié dans:Non classé |on 8 juin, 2011 |Commentaires fermés

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